El Eco
de la Montaña

El IES Pablo Díez de Boñar, a través de su proyecto Erasmus Plus Euroentornos, se transforma en eco del paisaje que lo cobija y de las gentes que lo habitan para que la montaña permanezca siempre viva. Con este objetivo nace la ruta literaria El eco de la montaña, basada en dos obras del escritor leonés Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua y Retrato de bañista.

De Rucayo a Utrero

Los familiares de Domingo, antiguo habitante de Ferreras, aldea sumergida bajo las aguas del embalse del Porma, acuden a este valle rodeado de montañas a dejar en el agua sus cenizas. Se cumple así su deseo de regresar al lugar donde nació y vivió hasta que la construcción del embalse le obligó, como al resto de sus vecinos, a irse con su familia y tener que comenzar en otro lugar una nueva vida.

A lo largo del recorrido, el caminante se encontrará con algunos de los personajes de la novela: Raquel (nieta de Domingo), Teresa (hija), Elena (nuera), Virginia (su mujer), José Antonio y Agustín (hijos). A cada uno de ellos le evocará emociones y recuerdos diferentes contemplar este paisaje y esta agua bajo la que reposan las ruinas de lo que un día aquí existió.

Como la de Domingo en la novela, todas las familias de Vegamián, Campillo, Ferreras, Quintanilla, Armada, Lodares, Utrero y Camposolillo, los ocho pueblos que destruyó el embalse, tuvieron que abandonar estas montañas, pero el eco de sus voces se sigue escuchando en ellas pues aquí dejaron sus almas.

RUTA LITERARIA
EL ECO DE LA MONTAÑA


DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA

  • 1Virginia
  • 2Raquel
  • 3Teresa
  • 4Elena
  • 5José Antonio
  • 6Agustín

RETRATO DE BAÑISTA TRES POEMAS (1983)

  • 7(Presa del Porma) Retrato de bañista 1
  • 8(Mirador de Vegamián) Retrato de bañista 2
  • 9(Mirador de Lodares) Retrato de bañista

DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA

Rucayo Utrero


56 min

4,2 km

DIFICULTAD

Rucayo: 1125 msnm
42°57'49''N,5°19'03''0

Utrero: 1100 msnm
42°57'39''N,5°16'40''0

Virginia

Virginia

Por aquí, por estas verdes praderas en las que ahora pastan vacas ajenas, pastoreé yo las de mi familia y luego las mías propias cuando Domingo y yo pudimos tenerlas. ¡Cuántas veces me senté a mirarlas mientras pacían sin imaginar que algún día todo esto desaparecería bajo las aguas!

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares.

Raquel

Me gustaría identificarme con este sitio, pues tengo sangre de estas montañas. Sangre de nieve y de bosques viejos, que es la que corre por las venas de mi madre y la que corría por las de mis abuelos.

¿Cómo habría sido mi vida de no haberse cruzado en la trayectoria de mi familia la orden de un ingeniero que decidió detener el río como el que decide detener el tiempo?

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares.

Raquel
Teresa

Teresa

Recuerdo las despedidas de los vecinos y la partida desde la casa en aquel camión en el que íbamos toda la familia además de los animales y de parte de nuestras pertenencias. Como los gitanos, decía mi madre cuando veía a otros vecinos del pueblo partir hacia su destino. La gente no sabe lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la desaparición de los pueblos que aquí existieron.

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares.

Elena

Cuando doblamos la curva y llegamos a lo alto de la presa, desde la que la carretera nueva bordea el embalse para salvarlo, el valle apareció ante mis ojos como un paisaje del fin del mundo. Era el paisaje del fin del mundo, pero con presencia humana. O huellas de esa presencia, tan inquietantes como las ruinas del pueblo.

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares.

Elena

José Antonio

Bajo el inmenso espejo del agua, el fango lo debe de cubrir todo. Si desde la creación del mundo el río iba por donde iba y los lagos ocupaban los lugares en los que habían sur­gido hacía millones de años, a qué andar cambiándolos de lugar como si Dios se hubiera equivocado al hacerlos.

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares.

Jose Antonio
Agustín

Agustín

Hay distintas formas de mirar el agua, depende de cada uno y de lo que busque. Pero nosotros no podemos contemplarla sin respeto después de lo que nos supuso ni despreciarla como hacen otros, esos que la malgastan porque no saben lo que cuesta conseguirla. Yo la miro con respeto y emoción, pues se lo debo a mis antepasados.

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares.

Presa del Porma y miradores de Vegamián y Lodares

| Ver mapa y especificaciones

En cada uno de estos tres lugares, el viajero encontrará impresos los tres poemas de Retrato de bañista de Julio Llamazares y podrá escucharlos en la voz del autor.

Estos poemas fueron escritos a partir de la sobrecogedora visión de las ruinas de Vegamián y de las otras aldeas del valle con ocasión del vaciado del embalse en 1983 tras quince años sumergidas bajo el agua.

Retrato de bañista 1

Como una ciencia antigua de vapor de plomo. Como un lobo de piedra que el río arrastra hacia el abismo. Aguas negras y acero, entre la niebla helada la muerte viene y va.

Como un lobo de piedra la muerte viene y va.

Abandonaron ya sus dados los mendigos. Junto al gran lago de Isoba, un animal sin ojos bebe la maldición del sol. Aguas negras y acero, entre la niebla helada la muerte viene y va.

Como un lobo de piedra la muerte viene y va.

Retrato de bañista 2

Entre las truchas muertas y la herrumbre, fresas. Junto a las fábricas abandonadas, fresas. Bajo la bóveda del cielo, muñecas mutiladas y lágrimas románicas y fresas.

Por todas partes, un sol de nata negra y fresas, fresas, fresas.

Consumación de la leyenda. En los glaciares, la venganza. Y, en los espacios asimétricos del tiempo, un relato de amor que la distancia niega y ocas decapitadas sobrevolando mi corazón.

Por todas partes, un sol de nata negra y fresas, fresas, fresas.

Retrato de bañista 3

Dulce fue este lugar para mi corazón: las playas lentas y los invernaderos. Aquí, donde remeros locos sostienen con sus hombros las tormentas y el viento brama como un centauro herido.

Dulce fue este lugar para mi corazón un día.

Muy fría, sin embargo, está la luz esta mañana. Hacia mis ojos vuelan las nubes y los puentes. Crece el laurel bajo la lluvia verde y en la, memoria del pantano, oscuros flotan los ojos verdecidos de los muertos.

Mas dulce este lugar para mi corazón fue un día...

Julio Llamazares

Nacido en Vegamián (León) en 1955.

Ha cultivado diversos géneros literarios, desde la poesía (La lentitud de los bueyes y Memoria de la nieve) al libro de viaje (El río del olvido, Trás-os-Montes, un viaje portugués, Cuaderno del Duero, Las rosas de piedra y Las rosas del sur, El viaje de don Quijote o Atlas de la España imaginaria), la novela (Luna de lobos, La lluvia amarilla, Escenas de cine mudo, El cielo de Madrid, Las lágrimas de San Lorenzo y Distintas formas de mirar el agua), el relato corto (En mitad de ninguna parte y Tanta pasión para nada), la crónica periodística (El entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español), el ensayo (Los viajeros de Madrid) o el diario: Primavera extremeña. Ha escrito también guiones cinematográficos y dirigido junto a Felipe Vega dos películas: Berlineses y Elogio de la distancia.

Sus artículos de prensa han sido recogidos en tres volúmenes: En Babia, Nadie escucha y Entre perro y lobo.

Traducido a más de veinte idiomas, su novela Luna de lobos ha sido llevada al cine y La lluvia amarilla adaptada al teatro y a la danza.


Un paisaje no es sólo un territorio, es también la memoria de quienes lo habitaron incluso cuando es territorio ha sido transformado por el hombre como en este valle de Vegamián. Por eso, si uno lo escucha, oirá sus voces, que continúan sonando bajo las aguas o en las praderas y montes que las rodean contándonos sus vidas y recordándonos su tragedia para que no la olvidemos, pues es la nuestra también.

Julio Llamazares

Ayto Boñar Erasmus Euroentornos IES Pablo Díez Trío Adagio